viernes, 21 de septiembre de 2012

¿Qué sigue? La izquierda en su encrucijada. Rafael García Tinejero Pérez



¿Qué sigue? La izquierda en su encrucijada.

Rafael García Tinejero Pérez

Para nadie ha  sido una sorpresa el anuncio que hizo Andrés Manuel López Obrador el pasado 9 de septiembre  en el sentido de desvincularse de los partidos políticos bajo cuyas siglas contendió en el recientemente concluido proceso electoral federal.

Era una decisión esperada desde hacía ya algunos años y si no se había materializado era porque tanto las burocracias de los partidos, sobre todo la del PRD,  como AMLO  comprendían que, como en esos matrimonios mal avenidos pero con muchos intereses en disputa, era necesario permanecer formalmente unidos en tanto no se dieran condiciones para que la ruptura fuese lo menos lastimosa posible y en la que cada una de las partes preservara en cierta medida lo que más conviniese a su interés.

Finalmente, una vez validada por el TRIFE la elección presidencial a pesar de las múltiples evidencias de violaciones al marco constitucional, y al darse el carácter de Presidente Electo a Enrique Peña Nieto, la fuerzas que conformaron el Movimiento Progresista, las tribus dentro del PRD y Andrés Manuel, su equipo cercano y MORENA, estuvieron en condiciones de hacer corte de caja y asumir el futuro.

El PT y MC tienen seguro su registro y prerrogativas  por tres años más; el PRD lo mismo,  además de una fracción parlamentaria nada despreciable, dos gubernaturas, la Jefatura de Gobierno del D.F., sus delegaciones y la mayoría en la Asamblea de Representantes; cada tribu del PRD su parte proporcional en el reparto de cuotas;  Andrés Manuel la consolidación de un liderazgo que en condiciones más que adversas, cuando muchos le auguraban una derrota estrepitosa,  logro llevar a las urnas casi 16 millones de votos, forjar un movimiento social con varios millones de adherentes en todo el país y, por supuesto, una fuerza que aunque pequeña será importante en el congreso.

Lo siguiente para cada cual era entonces definir no solo su táctica y estrategia de cara al futuro próximo y mediato sino también quienes serian sus posibles aliados y adversarios y si valía la pena, pero sobre todo si era posible, seguir el camino unidos. Era evidente que habría diferencias irresolubles sobre todo en un punto toral reconocer o no la legitimidad de Peña Nieto como Presidente, la ruptura era inminente y alguien debería anunciarla, finalmente fue AMLO quién dio el paso al fijar su posición respecto a EPN y llamar a la fundación de un nuevo partido político.

¿Qué sigue? ¿Qué hacer? Son las preguntas que muchos de los que militamos en el PRD nos hacemos ahora. Es algo complejo de responder, sobre todo si en nuestro proyecto de vida esta seguir militando en la izquierda y participando de alguna forma en política, al menos en aquella que se hace a través de un partido, de allí surge una tercera pregunta  ¿Donde cabemos los que no somos incondicionales de AMLO o de algún jefe de tribu del PRD, tenemos acaso futuro en MORENA o el PRD?

Respecto al PRD, yo respondería que desgraciadamente sigue una inercia hacia la degradación y que seguirá sin definirse en lo ideológico, sin claridad programática, sin vida orgánica, con mala imagen pública y con prácticas internas que contradicen los principios éticos de la izquierda, pero lo más grave es que dentro de sus filas  se ha forjado una oligarquía formada por los dirigentes de tribus que concibe al partido no como un medio sino como un fin en sí mismo, que busca por encima de todo garantizar su propia supervivencia y que utiliza las estructuras del partido para conseguir ese objetivo por encima de cualquier otro. La conclusión es clara, el que no sea perrunamente fiel a esas corrientes jamás será tomado en cuenta, no tiene futuro en el PRD.

Respecto a MORENA, hay que darle el beneficio de la duda, pero de acuerdo a los proyectos de Documentos Básicos que ya circulan es fácil concluir que ni una definición ideológica ni una claridad programática sólida serán sus fuertes, además todo pinta para pensar que cualquier militante tendrá abiertas todas las posibilidades y vías  de participación siempre y cuando asuma que el partido tiene dueño, que ese es AMLO y que el siempre tendrá la última palabra. De cualquier forma seria interesante participar en la formación de esta nueva fuerza electoral y en el camino saber si  estos resquemores son o no reales.

Creo que, a final de cuentas, la respuesta podría ser una tercera vía, muy difícil por cierto, la de la conformación de un partido político de corte socialista o socialdemócrata, cuya finalidad en el mediano plazo sea la instauración de un estado social de derecho, con un perfil ideológico muy bien definido, con un programa claro y congruente con su ideología, con leyes internas que sean cumplidas escrupulosamente, que empate ética y política a través de la congruencia, cuya vida interna sea ejemplo palpable del tipo de sociedad a la que aspira y por ello genere confianza, votos y así llegue a gobernar, que sea un instrumento útil para transformar radicalmente una realidad que no podemos aceptar como nuestro presente y el futuro de nuestros hijos.

Si desde la izquierda, en cualquiera de sus vertientes, no podemos lograr esto preparémonos para la extinción, al menos como opción electoral y pacífica y demos la bienvenida al bipartidismo de derecha que quizás perdurará por generaciones.

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